Puede que nombres como Camuesa, Morro Liebre, Ceremeña o Don Guindo no te digan demasiado. Y, sin embargo, durante generaciones formaron parte de los huertos y de la vida cotidiana de un pequeño valle zaragozano.
El Sabor del Pueblo ha visitado el Valle del Manubles para conocer un proyecto que intenta evitar que esa historia desaparezca con los últimos árboles. Bajo la iniciativa Fruta del Valle del Manubles, agricultores, vecinos e instituciones trabajan para recuperar variedades tradicionales, mejorar la comercialización de la fruta y volver a convertirla en una oportunidad para el territorio.
Porque conservar una manzana antigua está muy bien. Conseguir que alguien pueda seguir cultivándola mañana, todavía mejor
Fruta del Valle del Manubles: seis pueblos unidos por el mismo río
El proyecto se desarrolla en Moros, Villalengua, Torrijo de la Cañada, Bijuesca, Berdejo y Torrelapaja, seis pequeñas localidades zaragozanas próximas a la frontera con Soria y atravesadas por el entorno del río Manubles.
La altitud y la particular orografía del valle han favorecido durante siglos el cultivo de fruta. Sin embargo, la llegada de variedades comerciales más productivas y el progresivo abandono de explotaciones hicieron que muchos árboles tradicionales fueran desapareciendo.
Algunos sobrevivieron.
En un huerto. En un barranco. Junto a una casa.
Y esos ejemplares se han convertido hoy en una especie de archivo vivo de la agricultura del valle.
Entre las variedades identificadas aparecen manzanas Camuesas, Morro Liebre, Normanda o antiguas Reinetas; peras Don Guindo, De Roma y Ceremeña, además de guindos, membrilleros, higueras y otros frutales.
Nombres que casi parecen personajes de un cuento y que, en realidad, cuentan cómo se alimentaban nuestros pueblos.
Recuperar una fruta sirve de poco si nadie puede vivir de ella
Aquí está probablemente la parte más interesante del proyecto.
Fruta del Valle del Manubles no pretende únicamente localizar árboles antiguos y conservarlos como una curiosidad botánica. Su objetivo es conseguir que esa producción tenga valor otra vez.
Para ello se trabaja en tres direcciones: recuperar las variedades locales, diferenciar y mejorar la comercialización de la fruta del valle y buscar nuevas formas artesanales de transformación. Entre las iniciativas iniciales se planteó incluso recuperar la elaboración tradicional de anís de guindas.
También se buscan canales más cortos entre agricultor y consumidor.
Y esto importa mucho.
Porque una variedad puede conservarse en un banco de germoplasma y seguir existiendo científicamente. Pero si vuelve a plantarse, se vende, se cocina y alguien obtiene ingresos cultivándola, entonces vuelve a formar parte de la vida del territorio.
Ahí la conservación deja de mirar únicamente al pasado. Empieza a hablar de futuro.
La Feria del Manubles: cuando la fruta consigue reunir al valle
Hay una fecha en la que todo este trabajo sale especialmente a la calle.
La actual Feria del Manubles nació precisamente como Feria de la Fruta, con la intención de dar visibilidad a la calidad de la producción local y crear un espacio de encuentro entre los pueblos. Con los años ha ido rotando por distintas localidades y ampliando su mirada hacia la artesanía, la cultura y otros productos del territorio.
El pasado mes de septiembre, se celebró su décima edición en Torrijo de la Cañada, regresando al municipio donde comenzó el recorrido de la feria. La jornada reunió unos 40 puestos de alimentación, artesanía, asociaciones y productos locales, además de visitas, música y actividades tradicionales.
Quizá hoy haya menos cajas de fruta que en aquellas primeras ediciones, pero el propósito sigue teniendo bastante sentido: conseguir que los pueblos del valle se encuentren y enseñen juntos aquello que todavía son capaces de producir.
Porque seis localidades pequeñas por separado son muy pequeñas.
Juntas ya son un valle.
Una pera también puede ser patrimonio
Cuando pensamos en patrimonio solemos imaginar un castillo, una iglesia o una pieza dentro de un museo.
Rara vez pensamos en un peral.
Y, sin embargo, una variedad cultivada durante generaciones contiene también historia, conocimiento y adaptación a un lugar concreto. Si desaparece el último árbol y nadie vuelve a plantarlo, recuperar todo eso puede resultar mucho más complicado que restaurar una pared.
Por eso nos gusta especialmente lo que ocurre en el Manubles.
No se trata de pensar que cualquier fruta antigua es mejor simplemente por ser antigua. Se trata de no perder diversidad sin siquiera saber que la teníamos y de dar una oportunidad comercial a aquello que merece continuar cultivándose.
La próxima vez que alguien te hable de una Camuesa, una Ceremeña o una pera Don Guindo quizá ya no te suene a chino.
Te sonará al Valle del Manubles.
A huertos.
A agricultores.
A seis pueblos intentando que aquello que siempre creció aquí pueda seguir haciéndolo.
Porque mantener vivo un territorio también puede empezar plantando un árbol.
Eso también es El Sabor del Pueblo.
