Casa Vinícola Moliniás: 5 claves de una fascinante recuperación entre viñedos del Pirineo

Puede que nunca hayas pensado en el Sobrarbe como tierra de vino. Y es normal: buena parte de los viñedos que durante siglos formaron parte de estas montañas desaparecieron entre la filoxera, los cambios en el campo y la despoblación del siglo XX.

Pero las raíces seguían ahí.

El Sabor del Pueblo ha visitado Casa Vinícola Moliniás, en pleno Pirineo Aragonés, para conocer a Nicolás Brun y Rebeca Araujo y descubrir un proyecto que no busca simplemente elaborar vino. Su propósito es recuperar una historia, devolver la vid a lugares donde ya creció durante generaciones y conseguir que cada botella vuelva a contar algo del paisaje del Sobrarbe.

Porque aquí el lema no podría ser más claro:

Cultivar, no abandonar.

1. Recuperar una historia que quedó entre piedras y silencio

Para entender Casa Vinícola Moliniás hay que empezar mucho antes de la actual bodega.

Moliniás es una finca de montaña con más de dos siglos de historia que quedó deshabitada en los años sesenta. El 15 de mayo de 1964, Antonio, su último habitante original, cerró la puerta y se marchó después de una vida vinculada al campo, los animales y la agricultura.

Durante décadas quedaron las casas, los antiguos caminos, los muros de piedra y la memoria de quienes habían trabajado aquellas laderas.

Hasta que llegó una nueva etapa.

En mayo de 2020, Nicolás y Rebeca comenzaron a plantar otra vez viñedo en Moliniás. Las primeras 2.500 cepas fueron creciendo hasta las alrededor de 8.000 actuales, recuperando poco a poco antiguos espacios de cultivo entre terrazas y paredes construidas mucho antes de que ellos llegaran.

No se trataba de decorar la montaña con viñas.

Se trataba de volver a cultivarla.

2. El Sobrarbe también fue tierra de vino

Una de las sorpresas más importantes llegó cuando empezaron a conocer mejor el pasado de la finca.

Antonio les contó que la antigua Casa Moliniás vivía fundamentalmente de una economía de subsistencia, pero producía tres cosas para vender: cerdos, cáñamo y vino. Según la memoria conservada por el proyecto, llegaron a elaborar aproximadamente 11.000 litros al año. 

Y aquello no era una excepción aislada.

La propia bodega ha documentado que alrededor de 1900 la viticultura tenía un peso importante en la economía de Sobrarbe, antes de que la filoxera y posteriormente la despoblación hicieran desaparecer buena parte de los viñedos. Actualmente Casa Vinícola Moliniás estima que se perdió alrededor del 99 % de aquella superficie vitícola.

La relación del territorio con la vid viene, además, de mucho más atrás. Documentación medieval vinculada al monasterio de San Victorián recoge referencias a viñedos ya en el siglo XII.

Así que cuando hoy vemos cepas entre estas montañas no estamos contemplando una actividad completamente nueva.

Estamos viendo regresar algo que llevaba siglos formando parte del paisaje.

Casa Vinícola Moliniás recuperando viñedos de montaña en el Sobrarbe
Casa Vinícola Moliniás recuperando viñedos de montaña en el Sobrarbe

3. Viñedos de montaña donde el paisaje también trabaja

Cultivar aquí tiene poco que ver con imaginar largas extensiones perfectamente llanas de viñedo.

Casa Vinícola Moliniás trabaja entre aproximadamente 600 y 900 metros de altitud, en parcelas marcadas por pendientes, roca, muros de piedra y pequeñas fajas agrícolas ganadas a la montaña durante generaciones.

La bodega apuesta por variedades locales y por prácticas ecológicas y regenerativas, manteniendo cubiertas vegetales, recuperando suelos y reconstruyendo parte de esas antiguas estructuras agrícolas.

Aquí la dificultad no se puede separar del producto.

El clima, el suelo, los animales, las pendientes y la altitud no son obstáculos que haya que borrar del mapa para conseguir un vino más cómodo de producir. Forman parte precisamente del lugar que se quiere expresar.

Por eso ellos hablan de paisaje humanizado.

No solamente clima y tierra, sino también las personas que cultivaron antes, los muros que construyeron, los caminos que utilizaron y la cultura que permitió vivir en estas montañas.

El vino empieza bastante antes de llegar a la bodega.

4. Llevar Moliniás dentro de una botella

La filosofía de Casa Vinícola Moliniás busca elaborar con la mínima intervención posible para que los vinos mantengan la personalidad del lugar del que proceden. Su propósito declarado es llevar a la botella las raíces, la cultura y los paisajes de la finca. 

Y parte de esa recuperación también pasa por conservar lo poco que consiguió sobrevivir.

En Abizanda trabajan antiguas viñas que Ramón y Andrés Aniés mantuvieron durante décadas, algunas con más de cien años. Son cepas que atravesaron filoxera, guerras, despoblación y cambios agrícolas mientras buena parte del viñedo que las rodeaba desaparecía. 

Hoy sus uvas forman parte de vinos de producciones muy pequeñas.

Y quizá ahí esté la diferencia.

No buscan producir millones de botellas capaces de saber exactamente igual año tras año. Buscan que cuando abras una puedas encontrar algo del lugar del que salió.

Una montaña.

Una añada.

Unas cepas viejas.

Y las personas que consiguieron que siguieran vivas.

5. Cultivar para volver a dar vida a la montaña

El proyecto tampoco termina cuando el vino entra en la botella.

Nicolás y Rebeca han ido recuperando antiguos caminos que conectan las diferentes zonas de la finca y han creado experiencias para que quienes llegan hasta Moliniás puedan entender el territorio recorriéndolo.

Entre ellas está el Catacielos, una plataforma situada junto a los viñedos donde unen vino, paisaje, atardeceres y cielo nocturno. Las visitas recorren también las viñas y permiten conocer de cerca cómo están intentando recuperar esta antigua cultura vitícola. 

Y eso nos parece especialmente importante desde El Sabor del Pueblo. Porque recuperar un territorio no consiste únicamente en restaurar una casa antigua para recordar cómo era todo antes. También consiste en volver a darle uso.

Plantar.

Trabajar.

Producir.

Recuperar caminos.

Generar actividad.

Y conseguir que haya razones para seguir viviendo y trabajando entre esas montañas.

Cuando Antonio abandonó Moliniás en 1964, probablemente era difícil imaginar que casi seis décadas después alguien volvería a plantar allí miles de cepas.

Hoy están creciendo.

Quizá dentro de otros cincuenta años nadie se sorprenda al ver viñedos en Sobrarbe.

Y probablemente ese sería uno de los mayores éxitos de Casa Vinícola Moliniás: conseguir que aquello que estuvo cerca de desaparecer vuelva a parecernos normal.

Que vuelvan las viñas. Que vuelva el vino. Que vuelva la actividad.

Porque algunas historias no necesitan empezar de nuevo. Solo necesitan que alguien decida continuarlas.

Cultivar, no abandonar.

Eso también es El Sabor del Pueblo.

Casa Vinícola Moliniás recuperando viñedos de montaña en el Sobrarbe
Casa Vinícola Moliniás recuperando viñedos de montaña en el Sobrarbe
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