¿Y si una de las zonas más sorprendentes del Moncayo estuviera precisamente en el lado al que casi nadie mira?
Cuando buscas qué ver en Calcena, descubres un paisaje muy diferente al que solemos asociar con esta montaña. Aquí mandan los barrancos, las paredes calizas, las cuevas y el río Isuela.
Y, en medio de todo, aparece Calcena.
Un pequeño pueblo zaragozano donde todavía puedes caminar sin prisas, escuchar el silencio y preguntarte algo bastante habitual cuando llegas:
“¿Cómo no conocía yo este sitio?”
Hoy vamos a intentar ponerle remedio.
¿Dónde está Calcena?
Calcena pertenece a la Comarca del Aranda, en la provincia de Zaragoza, y se encuentra en la vertiente sur del Moncayo.
Pero seguramente lo primero que llame tu atención no sea el pueblo.
Será el camino.
La carretera se adentra entre enormes paredes de roca y barrancos hasta alcanzar un casco urbano de calles estrechas y empinadas que conserva parte de su estructura histórica.
Aquí comienza esa zona que muchos conocen como la cara oculta del Moncayo.
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Recorrer las calles de Calcena
Nuestro primer consejo es sencillo:
no tengas demasiada prisa.
Calcena se disfruta andando.
Calles estrechas, pendientes, pequeñas plazas, casas tradicionales y rincones que aparecen cuando menos lo esperas.
El pueblo conserva un trazado adaptado completamente a la montaña, así que más que seguir una ruta concreta merece la pena callejear.
Porque en los pueblos ocurre muchas veces eso:
lo interesante no siempre tiene un cartel delante.
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Iglesia de Nuestra Señora de los Reyes
En la parte alta del municipio destaca la iglesia de Nuestra Señora de los Reyes, uno de los principales monumentos de Calcena.
El edificio conserva elementos de diferentes épocas y parte de su construcción actual procede del siglo XVI.
Su ubicación también permite entender mejor la estructura del pueblo y recordar algo que hoy puede resultar difícil de imaginar:
Calcena tuvo siglos de bastante actividad económica vinculada a la agricultura, la minería, la artesanía y la industria textil.
Un pueblo pequeño, sí.
Pero con mucha historia detrás.
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El Salto del Batán
A pocos kilómetros de Calcena se encuentra uno de nuestros rincones favoritos.
El Salto del Batán.
Un pequeño sendero permite acercarse hasta el río Isuela, donde el agua, las rocas y un antiguo puente forman uno de esos paisajes que no esperas encontrar cuando empiezas la excursión.
Pero su nombre también nos cuenta una historia.
Durante siglos, la fuerza del agua se aprovechó aquí para trabajar los paños de lana mediante los llamados batanes. Posteriormente también existió un molino harinero.
Es decir:
donde hoy venimos a hacer fotografías, hace siglos alguien venía a trabajar.
El paisaje también guarda memoria.
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Subir a la ermita de San Cristóbal
Si te gusta caminar, apunta esta excursión.
Los vecinos la conocen como “subir al Santo”.
La ruta asciende hasta la ermita de San Cristóbal y permite disfrutar de una espectacular panorámica sobre Calcena y la vertiente sur del Moncayo.
Desde arriba el paisaje cambia por completo.
El pueblo queda abajo, las paredes de roca empiezan a parecer pequeñas y entiendes mucho mejor dónde estás.
Una ruta perfecta para combinar senderismo, naturaleza y paisaje.
Y como se dice por aquí: a la marcheta.
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Las cuevas de Calcena
Otra de las particularidades del entorno se encuentra bajo tierra.
La naturaleza caliza de estas montañas ha creado numerosas cavidades alrededor del municipio.
Entre ellas encontramos Cueva Honda, Cueva Hermosa, Cueva de Ajo y Agua o la Sima de la Plana.
Además de su interés geológico, algunas de estas cuevas tienen importancia ambiental por la presencia de murciélagos.
Eso sí, importante:
no todas las cavidades están habilitadas para visitas.
Antes de entrar en cualquier cueva hay que consultar sus condiciones de acceso y respetar las restricciones existentes.
El monte lleva ahí bastante más tiempo que nosotros.
Y la idea es que siga estándolo.
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Las antiguas minas de Valdeplata
Quizá sea una de las historias más desconocidas de Calcena.
En el entorno de Valdeplata existieron explotaciones mineras vinculadas principalmente a la plata y el cobre.
Durante diferentes periodos, la minería tuvo una importante presencia en esta zona y todavía pueden observarse algunos restos de aquella actividad.
Resulta curioso imaginar este paisaje, que hoy transmite tanta tranquilidad, lleno hace décadas de trabajadores, herramientas e instalaciones mineras.
Actualmente las explotaciones están abandonadas y no se debe acceder a galerías, pozos o bocaminas.
Pero conocer su historia ayuda a entender que estos pueblos nunca vivieron únicamente del paisaje.
Aquí también hubo industria, trabajo y oficio.
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Calcena, tierra de escalada
Solo hace falta hacer una cosa cuando llegas:
mirar hacia arriba.
Las enormes paredes calizas que rodean Calcena han convertido la zona en un lugar especialmente conocido entre aficionados a la escalada y los deportes de montaña.
Aunque no practiques escalada, el paisaje merece por sí solo la visita.
Porque si alguien piensa que Zaragoza es únicamente una gran llanura, probablemente todavía no haya conducido hasta Calcena.
La Calcenada: 104 kilómetros alrededor del Moncayo
Hay un acontecimiento que ha conseguido llevar el nombre de este pequeño pueblo mucho más lejos.
La Calcenada es una prueba deportiva vinculada a un recorrido de aproximadamente 104 kilómetros alrededor del Moncayo.
Cada edición reúne a numerosos participantes y se ha convertido en uno de los eventos más representativos de Calcena.
104 kilómetros.
Hay quien viene aquí a desconectar.
Y hay quien, para desconectar, decide darle la vuelta entera al Moncayo.
Cada cual con sus aficiones.